100cia
lunes, 16 de abril de 2012
ES 100% SEGURO QUE HAY VIDA AHÍ FUERA
A la pregunta de si estamos solos en el universo, Ken Nealson,
catedrático de Geobiología de la Universidad del Sur de California (EE UU) y
astrobiólogo de la NASA, lo tiene claro. Si ciertas bacterias son capaces de
sobrevivir a las condiciones más extremas de la Tierra, incluso sin oxígeno, es
más que probable encontrarlas en otros planetas. Pero hasta que se descubran,
los científicos como Nealson deben averiguar todo lo que estos microorganismos
nos deparan aún en la Tierra.
Los humanos
solo comemos una cosa, carbono orgánico; y solo respiramos otra, oxígeno. Así
funciona la vida, “o eso creemos”, asegura Ken Nealson. “Sin embargo las
bacterias comen todo tipo de materia (compuestos inorgánicos como el sulfuro,
hidrógeno, amonio, entre otros), en realidad cualquier cosa de la que obtienen
electrones, y pueden interactuar con cualquier elemento químico que aparece en
la tabla periódica”, subraya el microbiólogo.
En cuanto a
lo que respiran, no es solo oxígeno, sino también CO2, sulfito,
nitrato y otras sustancias. Incluso son capaces de aprovecharse de una roca
sólida como sustituto del oxígeno, es decir ‘respirar rocas’, como dicen
coloquialmente los científicos al hablar del transporte extracelular de
electrones descubierto hace dos décadas y que sigue sin aparecer en los libros
de texto.
“Años más
tarde descubrimos que al quitar la roca del experimento y añadir electrodos, lo
único que ‘respiran’ estas mismas bacterias son los electrodos. Forman una capa
a su alrededor y le proporcionan electrones, y por tanto energía”, detalla
Nealson. Como estos microorganismos pueden comer cualquier cosa, los
científicos probaron con residuos humanos e industriales para producir
electricidad. Y lo consiguieron.
Bacterias que purifican el agua
“Parece muy
bonito para ser cierto, pero lo es, aunque no va a solucionar la crisis
energética”, advierte el experto estadounidense, quien añade que no solo se
puede crear electricidad sino también purificar el agua y eliminar los
contaminantes sin ningún soporte electrónico. El equipo de Nealson está
intentando diseñar esta tecnología barata y ecológica en aldeas africanas donde
la gente podría traer sus residuos cada día y obtener agua limpia a cambio.
Según el
investigador, “en los próximos 5 o 10 años, veremos la primera aplicación
legítima a este proceso”, porque hay unas 15 empresas de todo el mundo que ya
están intentando aplicarlo. “Es una buena tecnología verde que solo usa
materiales biológicos como fuente, trabaja muy rápido y produce bastante
energía”.
Sin embargo,
aún es necesario abaratarla si lo que se pretende es abastecer a todo un
poblado de países empobrecidos. “Hay una parte muy barata, la del electrodo que
no cuesta casi nada y las bacterias que son gratuitas (puedes cultivar cuantas
necesites), pero la otra parte requiere platino en el electrodo, que es lo que
cataliza el oxígeno convertido en agua”, indica el investigador.
En el
laboratorio de Nealson han obtenido recientemente esta misma reacción de
electrones y oxígeno utilizando bacterias que se pueden poner en un cátodo
(electrodo negativo del que parten los electrones) para eliminar el platino, lo
que para el microbiólogo es “una gran victoria”. Pero aún hay más, Nealson
asegura que se podría conseguir todo un proceso bacteriológico con células
solares, es decir, las bacterias se podrían alimentar de luz solar, y para ello
no quedan más de 10 o 15 años. “Valdrá la pena esperar”.
Hasta
entonces, la microbiología deberá intentar descubrir lo que oculta el
microscopio. Por ahora, gracias a mejores métodos moleculares para ver a las
bacterias, los científicos han descubierto que “solo somos capaces de cultivar
cerca del 0,1% de todas las bacterias que vemos en el microscopio”, afirma el
experto. Pero la pregunta que se hacen los microbiólogos es “¿qué hacen realmente
las otras bacterias que no podemos cultivar?”
“Es
completamente desconocido. Al mirar sus cromosomas se podría averiguar cómo
actúan pero todavía no se ha probado; y no se puede demostrar si no se pueden
cultivar”, testifica Nealson.
Microorganismos extraterrestres
De los
microorganismos que ya se conocen, lo que más sorprende a este microbiólogo que
se niega a jubilarse aún es lo resistentes que son. Cuando Nealson empezó a
estudiar microbiología, no podía imaginarse que las bacterias sobrevivirían a
más de 100 ºC. No obstante, en los años ’70, se descubrió que había bacterias
que vivían en los géiseres del Parque Nacional de Yellowstone (EE UU).
La vida
microbiana se ha adaptado a la salinidad, a la temperatura, al pH, a la aridez,
a la radiación, y a la presión. Durante años se pensó que uno de los lugares
más desérticos de la Tierra –el desierto de Atacama en Chile– era estéril, pero
al mirar en el interior de las rocas se observó todo tipo de vida. Río Tinto en
Huelva es otro de los lugares “más fascinantes de la Tierra”, para Nealson.
“Muchos de estos entornos extremos te hacen pensar de forma diferente sobre la
posibilidad de encontrar vida en otros planetas, y Río Tinto en Huelva es uno
de ellos”, apunta.
Desde que
empezó a conocer la habilidad de las bacterias, el interés de Nealson por
hallar vida microbiana fuera de la Tierra creció. Las misiones del telescopio
espacial Hubble han sido determinantes. En los últimos 10
años, sus datos han demostrado que existen millones de planetas que se parecen
a la Tierra. “Pero estos planetas están a muchos años luz de nosotros. Incluso
si obtienes una señal de alguno de ellos (una que se pudo generar hace 100
años), llevará 1.000 años llegar allí a la velocidad a la que viajamos ahora.
Es fascinante pero frustrante a la vez”, manifiesta el experto, que lo tiene
claro: “Es 100% seguro que hay vida ahí fuera”.
El problema
es cómo encontrarla. “Cuando una misión de la NASA planea ir a Júpiter o
Saturno –al que se tarda ocho años en llegar–, o incluso más lejos, a Neptuno,
el tiempo de ir y volver, has perdido un tercio de tu carrera, y a lo mejor
fracasa”.
Vida en el sistema solar
Sin salir
del sistema solar, desde el punto de vista de un microbiólogo, hay diferentes
lugares en los que algunos organismos que habitan la Tierra podrían sobrevivir.
Por ejemplo las lunas de Júpiter: Europa, Calisto y Ganímedes. “No sabemos
exactamente lo grueso que es el hielo ni cómo es el agua debajo, pero seguro
que en cada una de estas lunas hay más agua de la que tenemos en la Tierra”,
señala Nealson. El agua líquida es esencial para vida como la nuestra pero “lo
que es esencial es el líquido”.
Otro lugar
donde buscar es una luna de Saturno, Encélado, que rodea uno de los anillos del
planeta. “Siempre ha tenido agua congelada”. Titán, otra de las lunas de
Saturno, “no tendría vida como la conocemos porque hace demasiado frío”, pero
tiene metano y etano líquidos. “Supongo que hay diferente tipo de vida allí”,
insiste el investigador que asegura que esta vida sería “tan rara” que “ninguna
de las reglas de química con las que hemos crecido tendría entonces sentido”.
“Si no
piensas en cosas como estas te vuelves muy geocéntrico sobre la búsqueda de
vida y te perderías cosas muy interesantes. Sea el tipo de vida que sea, va a
necesitar energía y deberíamos ser capaces de ver los lugares donde la energía
es consumida”.
Hasta que se
descubran los primeros indicios de vida extraterrestre, hay mucho trabajo por
hacer en la Tierra, porque “aún se desconoce el potencial de la Microbiología y
es una oportunidad mayor de lo que uno imagina”. Uno de los ejemplos que da
Nealson es la corrosión (de buques, cañerías, etc.) en EE UU, que supone un
gasto de más de 200.000 millones dólares al año. La inversión en el estudio de
los microbios que provocan la corrosión “sería un avance”. Solo con reducir un
2% el ritmo de la corrosión, se recuperarían 400 millones dólares al año.”Ahora
toca convencer para obtener financiación”, afirma el investigador.
Y para
convencer basta con recordar que el 99,9% de las bacterias son nuestras amigas.
Muy pocas son realmente dañinas. “El planeta y el cuerpo humano funcionan
gracias a las bacterias buenas. Lo único es que todavía no hemos aprendido esta
lección”, concluye Nealson.
Ken Nealson
ha asistido recientemente en Madrid a las Jornadas Ciencia y Sociedad 2012
“¿Somos únicos?” organizado por la Fundación Banco Santander.
Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC), su autora es Adeline Marcos.
Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC), su autora es Adeline Marcos.
lunes, 2 de abril de 2012
HORARIO DE VERANO Y LOS TRASTORNOS CAUSADOS
Aunque el ser humano ya no dependa de la luz natural para organizarse el día, más de 70 países industrializados de todo el mundo –a excepción de Japón– cambian el horario dos veces al año para “reducir el consumo energético global”, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE).
La medida se adoptó por primera vez durante la primera guerra mundial para ahorrar carbón y se reintrodujo en la década de los 70 para amortiguar las consecuencias económicas de la crisis del petróleo. En España funciona desde 1974. Así, el reloj se adelanta el último domingo de marzo para alargar el día y, al contrario, se retrasa el último domingo de octubre para ganar luz por la mañana.
Hay estudios científicos que miden el ahorro energético que supone. Otros valoran su influencia en los infartos de miocardio y los accidentes laborales y viales, pero los resultados son poco concluyentes. Los investigadores del Instituto Nacional de Salud y Bienestar de Finlandia, que presta gran atención a estos temas, lo reconocen: “Se sabe poco sobre la influencia del cambio horario en los ciclos vigilia-sueño”.
Resultados poco concluyentes
Un equipo de investigación del organismo nórdico, liderado por Tuuli A. Lahti, evaluó las consecuencias del cambio de hora en la seguridad vial. Durante 27 años recogieron datos para comparar los accidentes de tráfico los días anteriores y posteriores al ajuste horario. Los resultados no fueron significativos, como tampoco lo fueron los de otros estudios en diferentes intervalos de tiempo. No hay efectos probados sobre los siniestros en carretera ni a corto ni a largo plazo.
Sus vecinos suecos han estudiado la incidencia de los infartos de miocardio durante los siete días posteriores al cambio horario a partir de datos del registro nacional. Los resultados, publicados a principios de año en Sleep medicine, se expresan con cautela: “La evidencia limitada sugiere que estos cambios tienen una influencia a corto plazo sobre el riesgo de infarto agudo de miocardio”.
Donde parece haber ciertas evidencias es en que la falta de sueño afecta especialmente a los profesionales que se enfrentan a situaciones de riesgo. En Estados Unidos, Christopher M. Barnes y su equipo afirmaron en Journal of Applied Psychology que el día posterior al cambio horario de verano había más accidentes laborales y eran más graves.
Así lo demostraron con datos del sector minero de 1983 a 2006: entre los trabajadores que durmieron 40 minutos menos hubo un 5,7% más de accidentes. Los investigadores creen que “este tipo de cambios horarios ponen al trabajador en una situación en la que es más fácil que se lesione y que estas lesiones sean más severas, incluso acaben en muerte”.
En cualquier caso, lo que es irrebatible es que a las dos de la mañana del próximo domingo 25 de marzo serán las tres. Aunque sincronizar los relojes sea tan simple como avanzar 60 minutos la hora, la caja de ritmos del organismo se rige por frecuencias que lo hacen más complejo que una máquina suiza.
Y tú, ¿de qué cronotipo eres?
Uno de los patrones oscilatorios más evidentes que afecta al reloj circadiano es el marcado por los ciclos de luz y oscuridad que se derivan de la rotación de la Tierra. Estos dibujan el cronotipo de cada persona y establecen en qué momento del día el organismo está más activo.
El doctor Thomas Kantermann publicó en Current Biology que “el sistema circadiano humano no se ajusta al horario de verano”, después de comprobar en 55.000 individuos que el tiempo de sueño en los días libres –que no se rigen por la dictadura de los horarios– no seguía el patrón estival.
El ajuste estival “conlleva una mayor intensidad y duración de los trastornos de sueño”
“Tras el cambio horario de primavera la duración del sueño disminuye entre 30 minutos y una hora”, calcula para SINC el doctor Juan Antonio Madrid, del Laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Murcia. Con más precisión añade que “la reducción en la eficiencia del sueño es de aproximadamente un 10%”.
Si se compara la adaptación a los dos cambios horarios anuales, el de otoño se tolera mejor que el de primavera porque “la tendencia del reloj biológico suele retrasarse unos 30 minutos cada día”, por eso el ajuste estival “conlleva una mayor intensidad y duración de los trastornos de sueño”, dice el doctor Madrid.
“Pasamos de tener un día de 24 horas a tenerlo de 23 y la presión de sueño es por la mañana”, afirma la neurocientífica de la Universidad Autónoma de Madrid, la doctora Isabel de Andrés.
Por otro lado Xurxo Mariño, neurocientífico de la Universidade da Coruña, discrepa de sus colegas porque según él, “cualquier perturbación que se deba al cambio de hora es realmente muy pequeña”. A modo de ejemplo dice que “quedarse una noche viendo la tele dos horas más de lo normal ya supone un cambio mayor”.
En cambio, la doctora De Andrés insiste: “Hasta que no nos adaptemos al nuevo horario, nuestro reloj interno nos pedirá ir a dormir una hora después que la hora que marca el reloj externo”.
Desequilibrios en el ritmo biológico
Un cambio horario no es la única condición que desajusta nuestro reloj. Hay otras que actúan con más violencia, como el jet lag tras un vuelo transoceánico. También los cambios frecuentes en los turnos de trabajo. Y, sobre todo entre los más jóvenes, “los fines de semana sin dormir suponen una alteración del ritmo circadiano y la privación del sueño”, puntualiza De Andrés.
Un cambio horario no es la única condición que desajusta nuestro reloj
Desde Galicia, Mariño apunta que un cambio horario “probablemente no afecte gran cosa si lo comparamos con la perturbación permanente que supone nuestro ritmo de vida actual”.
Esto significa que quizás el domingo por la noche sea más complicado conciliar el sueño, y levantarse el lunes por la mañana puede resultar más duro de lo habitual. Pero según Mariño, “el organismo se adapta rápidamente a estos cambios y le costará levantarse como cualquier día en el que haya tenido que despertarse una hora antes de lo normal”.
LA ESTRUCTURA DE LAS REDES SOCIALES NO INFLUYE EN EL NIVEL DE COOPERACIÓN ENTRE PERSONAS.
A la hora de participar en internet, los usuarios no tienen en cuenta lo que ganan aquellos con los que interaccionan sino el tipo de acción elegida. Los resultados se basan en experimentos del dilema del prisionero, como el realizado en diciembre con 1.300 alumnos de Bachiller de Aragón. Un estudio de las universidades de Zaragoza y Carlos III de Madrid demuestra que la estructura de las redes sociales no influye en el nivel de cooperación entre las personas. Las conclusiones, publicadas en la revista Scientific Reports, apuntan a un cambio de paradigma en la interpretación de la toma de decisiones en dilemas cooperativos. Este estudio, realizado por investigadores de las Universidades de Zaragoza y la Carlos III de Madrid, se basa en los resultados obtenidos en experimentos del Dilema de Prisionero, como el realizado en diciembre con 1.300 alumnos de Bachiller de Aragón, que se llevó a cabo con el fin de analizar el fenómeno de la cooperación. El estudio realizado por Carlos Gracia y Yamir Moreno, investigadores del Grupo de Redes y Sistemas Complejos (COSNET Lab) del Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos (BIFI) de la Universidad de Zaragoza, junto a los investigadores José Cuesta y Ángel Sánchez de la Universidad Carlos III de Madrid, adopta una perspectiva pionera en el estudio teórico de la emergencia de la cooperación. Durante los últimos veinte años se ha producido una gran controversia acerca de si la estructura de las interacciones entre las personas (es decir, la existencia de una cierta red de contactos, o red social) ayuda o no a que éstas cooperen en situaciones en las que no cooperar permite obtener beneficios sin el coste de ayudar. Muchos trabajos teóricos han analizado el tema, pero las conclusiones son contradictorias, ya que la manera en que las personas toman la decisión es casi siempre una hipótesis de los modelos sin demasiada base que la justifique. La cooperación depende del estado de ánimo Las observaciones coinciden en que las personas no tienen en cuenta lo que ganan aquellos con los que interaccionan, sino más bien el hecho de que cooperen o no. Además, la decisión que toman suele depender también de su propio estado de ánimo, esto es, se observa que la probabilidad de cooperar es considerablemente más alta si se cooperó la vez anterior que si no. También se observa cierta heterogeneidad en el comportamiento, encontrando una cierta porción de individuos que apenas cooperan, independientemente de lo que hagan los que los rodean, y unos cuantos individuos que casi siempre cooperan, de nuevo sin importar lo que hagan los demás. Los investigadores han estudiado matemáticamente qué ocurre cuando un grupo de personas que se comportan como dicen los experimentos tienen que decidir si cooperar o no, y cómo la existencia de cooperación, a nivel global o en el grupo, depende de la estructura de las interacciones. En concreto, se analiza lo que sucede si cada persona interacciona con todas las demás, si las personas están colocadas en un retículo cuadrado e interaccionan con sus cuatro vecinos más próximos, o si están dispuestas en una red más parecida a las redes sociales, en la que el número de vecinos es muy variable y depende de cada persona. Análisis matemático El primer caso (cada individuo interacciona con todos los demás) se puede resolver matemáticamente y predecir el nivel de cooperación resultante. Lo que se observa es que éste depende de la composición de la población, es decir, de qué proporción de individuos utiliza la estrategia descrita anteriormente, y qué proporción coopera o no casi siempre independientemente de los demás. A continuación, esta predicción se compara con los resultados de simulaciones numéricas obtenidas para las poblaciones dispuestas sobre cada una de las dos redes, y se comprueba que el resultado es exactamente el mismo, en contra de lo que se ha venido concluyendo en todos los trabajos precedentes.Las consecuencias de esta predicción son muy importantes, en tanto en cuanto que, si son ciertas, descartarían la existencia de uno de los cinco mecanismos que se han propuesto para explicar la emergencia de la cooperación, el llamado mecanismo de “reciprocidad de red”. Para comprobar la predicción es necesario llevar a cabo experimentos a gran escala, algo en lo que este grupo de investigadores está muy involucrado actualmente. Llevar a cabo estos experimentos es de una gran dificultad, dado que para estudiar redes heterogéneas de manera que los resultados sean significativos es necesario trabajar simultáneamente con centenares de voluntarios. Si, tal y como el equipo espera, los experimentos confirman lo que predice este trabajo, estaríamos ante un cambio de paradigma en la interpretación de la toma de decisiones en dilemas cooperativos: en lugar de tener en cuenta lo que se gana, los individuos basarían sus decisiones en la cooperación que reciben, y esto hace que la forma en que interaccionan (la red social subyacente) deje de tener importancia. Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC).
ORBITANDO [IMAGENES EN VIDEO]
Otro vídeo filmado por la tripulación de la Estación Espacial Internacional (ISS), una película que se presento originalmente para exhibirla en pantallas IMAX.
Si quieres ver más imágenes de este tipo, tanto vídeo como fotografías, en The Gateway to Astronaut Photography of Earth lo puedes hacer. Son más de nueve minutos de imágenes de la ISS y de nuestro planeta con sus luces nocturnas, auroras y la fina capa de nuestra atmósfera con el acompañamiento musical del tema Stars Brian Eno. Recomiendo pantalla completa y la mayor resolución.
LA PSICOLOGÍA DEL ANTROPOMORFISMO Y LA DESHUMANIZACIÓN.
La gente habla con sus plantas, reza a dioses parecidos a los humanos, le pone nombre a sus coches e incluso viste a sus mascotas.
Tenemos una fuerte tendencia a dar a las entidades no humanas características humanas (conocido como antropomorfismo), pero ¿por qué? En un nuevo informe de Current Directions in Psychological Science, una revista de la Asociación para la Ciencia Psicológica, el psicológo Adam Waytz de la Universidad de Harvard asi como Nicholas Epley y John T. Cacioppo de la Universidad de Chicago, examinan la psicología del antropomorfismo.
El término antropomorfismo fue acuñado por el filósfo griego Jenófanes al describir la similitud entre los creyentes y sus dioses, es decir, los dioses griegos eran presentados con la piel clara y los ojos azules, mientras que los dioses africanos tenían la piel oscura y los ojos marrones. Las investigación neurocientífica ha demostrado que regiones cerebrales similares están involucradas cuando pensamos en el comportamiento tanto de los seres humanos como de las entidades no humanas, lo que sugiere que el antropomorfismo puede utilizar procedimientos similares a los usados para pensar en otras personas.
El antropomorfismo conlleva muchas implicaciones importantes. Por ejemplo, pensar en una entidad no humana de forma humana, hace que valga la pena su cuidado y consideración moral. Además, las entidades antropomorficas se hacen responsables de sus propios actos, es decir, se convierten en merecedores de castigo o recompensa.
Aunque nos gusta antropomorfizar, no asignamos cualidades humanas a todos y cada uno de los objetos que nos encontramos. ¿Qué explica esta selectividad? Un factor es la similitud. Es más probable que se antropomorfice una entidad cuanto más parecida sea a los seres humanos (por ejemplo, a través de movimientos parecidos a los humanos o características físicas como un rostro). Varias motivaciones pueden influir en el antropormofismo. Por ejemplo, carecer de relaciones sociales con otras personas puede motivar a individuos solitarios a buscar conexiones con elementos no humanos. El antropormofismo puede ayudarnos a simplificar y dar más sentido a entidades complejas. Los autores han obvervado que, de acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial, “poner nombres a los huracanes y las tormentas, una práctica que se originó usando el nombre de santos, el de las novias de los marineros y el de políticos desagradables, simplifica y facilita la comunicación eficaz para mejorar la preparación del público, la comunicación de los medios y un intercambio de información eficaz”.
El antropormofismo invertido se conoce como deshumanización, cuando los seres humanos son representados como objetos no humanos o animales. Hay numerosos ejemplos históricos de deshumanización, como el de la persecución nazi a los judios durante el Holocausto y las torturas en la prisión de Abu Ghraib en Irak. Estos ejemplos también sugieren que quienes se dedican a la deshumanización suelen formar parte de un grupo cohesionado que actúa contra los de fuera, esto es, personas que se sienten socialmente conectadas pueden tener una mayor tendencia hacia la deshumanización. Los autores señalan que “la conexión social puede tener beneficios para la propia salud de la persona y su bienestar, pero puede tener lamentables consecuencias para las relaciones intergrupales permitiendo la deshumanización”.
Los autores concluyen que pocos de nosotros “tienen dificultades para identificar a otros seres en un sentido biológico pero es mucho más complicado identificarlos en un sentido psicológico”.
El original se publicó en APS, su autora es Barbara Isanski.
PREÁMBULO
- Todos vivimos en el mismo planeta y formamos parte de la biosfera. Reconocemos ahora que nos encontramos en una situación de interdependencia creciente y que nuestro futuro es indisociable de la preservación de los sistemas de sustentación de la vida en el planeta y de la supervivencia de todas las formas de vida. Los países y los científicos del mundo deben tener conciencia de la necesidad apremiante de utilizar responsablemente el saber de todos los campos de la ciencia para satisfacer las necesidades y aspiraciones del ser humano sin emplearlo de manera incorrecta. Tratamos de recabar la colaboración activa de todos los campos del quehacer científico, a saber, las ciencias naturales, como las ciencias físicas, biológicas y de la tierra, las ciencias biomédicas y de la ingeniería y las ciencias sociales y humanas. El Marco General de Acción hace hincapié en las promesas y el dinamismo de las ciencias naturales así como en sus posibles efectos negativos, y en la necesidad de comprender sus repercusiones en la sociedad y sus relaciones con ella mientras que, el compromiso con la ciencia, así como las tareas y responsabilidades recogidas en esta Declaración, corresponden a todos los campos del saber científico. Todas las culturas pueden aportar conocimientos científicos de valor universal. Las ciencias deben estar al servicio del conjunto de la humanidad y contribuir a dotar a todas las personas de una comprensión más profunda de la naturaleza y la sociedad, una mejor calidad de vida y un medio ambiente sano y sostenible para las generaciones presentes y futuras.
- El saber científico ha dado lugar a notables innovaciones sumamente beneficiosas para la humanidad. La esperanza de vida ha aumentado de manera considerable y se han descubierto tratamientos para muchas enfermedades. La producción agrícola se ha incrementado enormemente en muchos lugares del mundo para atender las crecientes necesidades de la población. Está al alcance de la humanidad el liberarse de los trabajos penosos gracias al progreso tecnológico y a la explotación de nuevas fuentes de energía, que también han permitido que surgiera una gama compleja y cada vez mayor de productos y procedimientos industriales. Las tecnologías basadas en nuevos métodos de comunicación, tratamiento de la información e informática han suscitado oportunidades, tareas y problemas sin precedentes para el quehacer científico y para la sociedad en general. El avance ininterrumpido de los conocimientos científicos sobre el origen, las funciones y la evolución del universo y de la vida proporciona a la humanidad enfoques conceptuales y pragmáticos que ejercen una influencia profunda en su conducta y sus perspectivas.
- Además de sus ventajas manifiestas, las aplicaciones de los avances científicos y el desarrollo y la expansión de la actividad de los seres humanos han provocado también la degradación del medio ambiente y catástrofes tecnológicas, y han contribuido al desequilibrio social o la exclusión. Un ejemplo: el progreso científico ha posibilitado la fabricación de armas muy perfeccionadas, lo mismo tradicionales que de destrucción masiva. Existe ahora la posibilidad de instar a una reducción de los recursos asignados a la concepción y fabricación de nuevas armas y fomentar la transformación, al menos parcial, de las instalaciones de producción e investigación militares para destinarlas a fines civiles. La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el año 2000 Año Internacional para la Cultura de la Paz y el año 2001 Año de las Naciones Unidas del Diálogo entre Civilizaciones como pasos hacia la instauración de una paz duradera. La comunidad científica, junto con otros sectores de la sociedad, puede y debe desempeñar un papel fundamental en este proceso.
- En nuestros días, aunque se perfilan avances científicos sin precedentes, hace falta un debate democrático vigoroso y bien fundado sobre la producción y la aplicación del saber científico. La comunidad científica y los políticos deberían tratar de fortalecer la confianza de los ciudadanos en la ciencia y el apoyo que le prestan mediante ese debate. Para hacer frente a los problemas éticos, sociales, culturales, ambientales, de equilibrio entre ambos sexos, económicos y sanitarios, es indispensable intensificar los esfuerzos interdisciplinarios recurriendo a las ciencias naturales y sociales. El fortalecimiento del papel de la ciencia en pro de un mundo más equitativo, próspero y sostenible requiere un compromiso a largo plazo de todas las partes interesadas, sean del sector público o privado, que incluya un aumento de las inversiones y el análisis correspondiente de las prioridades en materia de inversión, y el aprovechamiento compartido del saber científico.
- La mayor parte de los beneficios derivados de la ciencia están desigualmente distribuidos a causa de las asimetrías estructurales existentes entre los países, las regiones y los grupos sociales, así como entre los sexos. Conforme el saber científico se ha transformado en un factor decisivo de la producción de riquezas, su distribución se ha vuelto más desigual. Lo que distingue a los pobres (sean personas o países) de los ricos no es sólo que poseen menos bienes, sino que la gran mayoría de ellos está excluida de la creación y de los beneficios del saber científico
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